Llegaron nuevamente las fiestas de Navidad y Año Nuevo, el fin de año!. Con éllas las consabidas felicitaciones y augurios a los amigos, clientes y toda clase de personas con las que solemos mantener vínculos cordiales.
En nuestro caso, son muchísimas las personas hacia las cuales tenemos ese sentimiento de afecto y cordialidad, con las cuales nos acompañamos mutuamente durante el largo año de trabajo. Además, nos movemos en un mundo peculiar - el comercio exterior - en el cual, si dejáramos de lado esos atributos, nos sería mucho más gravoso seguir adelante.
Por lo tanto hubiera sido sencillo y fácil, insertar aquí una clásica imagen de fin de año, acompañada por un no menos habitual - convencional - rótulo transmitiendo saludos, felicidades y buenos augurios. Pero se nos ocurre que la hora impone alguna actitud diferente.
Llegamos a fin de año turbulentamente. Son días signados por los enfrentamientos violentos
entre argentinos, amenazas, invasiones de propiedad, fuego, xenofobia, rabia contenida que aflora en la peor forma, muertes y criminalidad. Ha llegado el momento de hacer un alto, reflexionar, aunque sea brevemente, y detenernos. Todos. Ricos y pobres, argentinos y hermanos extranjeros, políticos y sindicalistas, gobernantes y gobernados, furiosos y mansos, jueces y justiciables, todos. Debemos detenernos antes de que sea tarde, de que más sangre sea derramada y de que el odio termine por separarnos y lanzarnos definitivamente unos contra otros.
Dos valores esenciales nos ayudarán. Convivencia y respeto. Si somos capaces de ver al otro distinto, pero con derecho a serlo, y a compartir con nosotros la disimilitud de sus ideas, pensamientos y sentimientos, daremos un paso vital en la dirección de una convivencia sana entre argentinos. Y si además estamos listos para asumir las diferencias, y dar nuestro testimonio para defender los derechos del otro a ser distinto, refundaremos una sociedad basada en el respeto.
Nuestra mirada de cristianos al sufrimiento de otros, es la amalgama que debe soldar nuestra relación en la paz, el amor, el respeto y la convivencia. Dios nos ha dado reglas claras y sencillas de conducta, que hoy tienen más vigencia que nunca. Recuperémoslas para dar a esta Navidad el sentido real, y esta vez mucho más profundo, que la Patria necesita. Detengámonos por favor. Que nuestra plegaria de Navidad tenga ese contenido y súplica.
LA PLATA OFF SHORE S.A.

