¿CUAL ES NUESTRA ESTRATEGIA COMERCIAL?Consistentemente con los acuerdos comerciales firmados entre Brasil y China, durante la visita a este último país de la Presidente Dilma Rousseff en abril de 2011, ambas potencias continúan avanzando en la profundización de su comercio bilateral. Brasil prepara su inminente reconocimiento de China como economía de mercado, medida que de acuerdo con las normas de la Organización Mundial de Comercio, estraría en vigor en el año 2016.
Decisiones de este tipo son una clara evidencia de la creciente importancia que Brasil asigna a sus relaciones comerciales (y políticas) con China, ya que tener que tratar a este Estado como economía de mercado implica despojarse de las facultades de que actualmente goza para las discusiones de valorización de mercaderías transadas. Mientras que para una contraparte extra-OMC rige el principio de referencia de valores respecto de un tercer país, a partir del cambio de condición deberá ajustarse a los procedimientos antidumping aceptados por el organismo internacional. Ya no será lo mismo, y la cuestión de precios son siempre el costado espinoso del comercio con China.
Pero para Brasil se trata de una cuestión que está dispuesto a afrontar. En el año 2010 el comercio bilateral fue de 62 mil millones de dólares, lo cual implicó un crecimiento del 50 por ciento respecto de 2009. Pero este año, a valores de agosto, ya está en 50 mil millones. De esa cifra 29 mil millones corresponden a las exportaciones brasileñas, que suponen un aumento del 45,8% en comparación con el mismo período de 2010, mientras que las importaciones se incrementaron el 32,3% en idéntico lapso. En los últimos cinco años la media de velocidad de crecimiento del comercio entre Brasil y China es del 40 por ciento anual.
La planificación externa brasileña siempre considera el mediano y largo plazo, de modo tal que hay que inferir que todos estos acontecimientos se inscriben en una decisión política de llevar el comercio y las relaciones con China, a un nivel alto y prioritario para sus intereses estratégicos.
Si este crecimiento del intercambio posibilitará a Brasil mejorar su perfil como exportador industrial, es un asunto discutible. Sus exportaciones agrícolas se han incrementado en el año 2010 (44% contra 40%), y las industriales se redujeron (57,4% contra 53,4%), con el gravante de que la indicencia de los productos con mayor valor agregado pasó del 44% al 39,4%. Una primera conclusión llevaría a pensar que se trata de la consecuencia de la sobrevaluación del real durante los últimos dos años, pero es un asunto que hay que analizar con mayor profundidad (ver en este Blog, “¿Es realmente Brasil un país industrial?”, 25/11/2010, sobre un escrito de Lucas Llach).
Desde el punto de vista del muy probable advenimiento de una crisis recesiva internacional, paradójicamente este escenario exterior puede favorecerlo. Es que al reducirse sus posibilidades de colocar productos manufacturados (incluyendo sus exportaciones a Argentina), la venta a China de commodities a escala creciente, impulsada por su relación privilegiada con ese país, le permitiría “pasar el mal rato” y mantener el equilibrio en sus cuentas comerciales externas. Pero en ese escenario el “mal rato” lo podríamos tener nosotros, con exportaciones preponderantemente agrícolas.
Lo realmente serio de este análisis es que nos deja la misma conclusión de siempre: ¿tenemos un plan estratégico, en el nivel de política de Estado, para administrar nuestro sector externo a mediano y largo plazo?.
